La Mercè 2017 tomará media Barcelona

La Mercé en Barcelona 2017

La fiesta mayor de la ciudad, no, lo siguiente. Vuelve la Mercè, del 22 al 25 de septiembre. Decir que promete ser mayor y mejor que la del año pasado suena a eslogan, a truco fácil de vendedor de quitamanchas o lavavajillas, pero la verdad es que la fiesta mayor de Barcelona llega este 2017 con más presupuesto (3,3 millones de euros), nuevos espacios para la programación (habrá Mercè en la mitad de los distritos, lo cual no tiene precedentes) y con una ciudad invitada, Reykjavik, de la que se espera que aporte ese toque de lo nunca visto por estas latitudes en música, danza y artes escénicas inusuales. El año pasado esa especia al plato la puso París con notables resultados. Ni que sea porque son más exóticos, de los islandeses se espera lo mismo. La Mercè, ya se sabe, es más que una fiesta mayor. Lo es, sí, pero como un pavo de Navidad, rellena, nada menos que de dos festivales, el BAM y el MAC, música y artes de la calle, y con una programación inabarcable en solo cuatro días, lo cual no es malo, hay mucho donde elegir.

Los nuevos escenarios

El Institut de Cultura de Barcelona realizó el año pasado un experimento que podía haber salido mal. En su empeño de descentralizar, llevó parte de la fiesta al parque de la Trinitat Vella. El público respondió. La primera consecuencia cara a este 2017 es que ese parque, un lugar singular, pues es un pulmón verde, sí, pero rodeado por los cuatro costados rodeado por una maraña de vías rápidas que por las que circulan 200.000 coches cada día, repite como escenario. Eso era previsible. Funcionó. Lo nuevo ahora es la senda que ha abierto aquella prueba piloto. La Mercè abre sucursales este año en el parque de Sant Martí, con una programación musical especialmente recetada para familias con niños, y en la plaza Major de Nou Barris, adonde la orquesta y el coro del Liceu, entre otros, llevarán sus instrumentos y voces.
Otros dos escenarios parcialmente nuevos de la Mercè están en Ciutat Vella. Uno es la Rambla del Raval, que si bien en ediciones anteriores la patrona de la ciudad ya puso medio pie en ese espacio, en esta ocasión acogerá una cadena de actuaciones musicales muy acorde con el adn del barrio, de Portugal, de Amsterdam, de Nigeria, de Israel con raíces yemenitas, de Irán, de Reykjavik, por supuesto, del Magreb… El otro escenario que vuelve a la Mercè es la plaza Reial. Ya lo estuvo años ha en un experimento que pudo acabar en tragedia. Se organizó una encuentro de todas las ‘colles de diables’ del Correfoc, para que, al unísono, encendieran su pirotecnia. Algunos ‘dimonis’ lanzaban bolas de fuego de un lado de la plaza al otro, y desde allí les respondían con idéntica munición. Un año y basta, decidieron los responsables municipales. La plaza Reial regresa este 2017 con habaneras y ron ‘cremat’. Todo en orden.

El epicentro de la Ciutadella

La Mercè era sinónimo de Ciutat Vella, playas del Fòrum y Palauet Albèniz hasta que, en una feliz decisión, el alcalde Xavier Trias le puso el ojo al parque de la Ciutadella. Fue un exitazo desde el primer día. Mucho más incluso de lo imaginado. A ese aire entre bohemio y desenfadado que ya luce el parque la mayor parte del año se sumaba una programación original y sorprendente. Por momentos, la Ciutadella llegó a colapsarse. El remedio decidido para esta Mercè 2017 ha sido echar mano del paso de Lluís Companys, desde el Arc del Triomf hasta el acceso principal del parque. Es una solución que llega, además, en un interesante momento de transformación urbanística. El paseo de Sant Joan, entre la Digonal y el paseo de Lluís Companys, ha emergido este último medio año con una avenida consagrada a la restauración, al menos de un modo que no lo había sido antes. En este sentido, será la antesala perfecta de la Ciutadella, donde la experiencia dice que nunca son suficientes las ‘food-trucks’ presentes a la hora del rancho.

Los espacios consagrados

Hay una Mercè para cada paladar, y cada una de ellas tiene su lugar en el mapa. De hecho, a estas alturas los más fieles de la fiesta son capaces ya de recitar los lugares de la Mercè como quien recuerda la alineación del 0 a 5 en el Bernabéu (Sadurní, Rifé, Torres…, Rexach, Cruyff, Sotil). En el Fòrum, música. En el Castell de Montjuïc, circo. La Mercè más tradicional recorre las calles del centro de la ciudad, con el Correfoc como espectáculo ‘asustaturistas’ en la Via Laietana. En la antigua Fábrica Estrella Damm, más música. En las playas de la Barceloneta, fuegos artificiales de autor.

El pregón y la clausura

La Mercé 2017

No hay dos pregones iguales. En la edición del 2016, Javier Pérez Andújar puso el listón a la altura de otro Javier, Sotomayor. Muy alto. Este año el encargo lo ha recibido Marina Garcés, filósofa, una pregonera oportuna para los tiempos que corren, aunque también hubiera podido ser psicoanalista de la escuela freudiana y no hubiera pasado nada. La cita es el viernes a las seis y media de la tarde. Con ella comienza la Mercè.
Acabará con lo que, año tras año, es el espectáculo que reúne a más publico, el piromusical. Hace tiempo ya que ese fin de fiesta va más allá de una simple exhibición de pólvora. Hay un relato. En esta ocasión, el piromusical comenzará con una sentida interpretación de ‘Imagine’, de John Lennon, dedicada a las víctimas de los atentados del pasado 17 de agosto en Barcelona y Cambrils. Después, los fuegos de artificio servirán de telón de fondo de dos aniversarios que se quieren celebrar con motivo de la Mercè, los 25 años ya de los Juegos Olímpicos de Barcelona y los 40 de la primera manifestación en defensa de los derechos de gais y lesbianas. Y, después, como ya es tradición, rendirá homenaje a los músicos fallecidos este año y a otros que se merecen un recuerdo por el conjunto de su obra, como Enrique Granados.

Tradición y modernidad

El Correfoc (sábado, a las ocho de la tarde) no debería formalmente considerarse una tradición, pues incluso el nombre no es más que un invento de la propia fiesta mayor sacado de una chistera de los primeros ayuntamientos socialistas de la ciudad. Tradición son los ‘castellers’ de ese mismo día en la plaza de San Jaume, con los Minyons de Terrassa y los Castellers de Vilafranca como estrellas invitadas. También lo es la muestra de Gegants del domingo por las calles del Gòtic. La lista sigue. Como el año pasado, una ‘app’ municipal de la Mercè es el navegador más eficaz para salir a la calle, pues alerta incluso de cualquier cambio en la programación, en caso, por ejemplo, de lluvia.

Pero lo bueno de la Mercè es cómo van de la mano lo tradicional y lo recién salido del horno. Tan rica es la oferta de este segundo apartado, que el Icub tiene previsto la próxima semana diseccionar para los medios de comunicación esta parte del programa, tal cual como si fuera la lección de anatomía de Rembrandt. Un aperitivo posible de lo que entonces se contará debería incluir, por ejemplo, una mención al cambio previsto en las proyecciones de ‘mapping’ sobre la fachada del ayuntamiento, que en esta ocasión se combinarán (maridarán, dirían los finos) con la danza de dos bailarines. Idéntica admiración se espera que cause la puesta en escena de Focus Corea, un conjunto de espectáculos de calle del país del lejano oriente, entre los que, parece, no hay que perderse sus números de percusión sobre grandes tambores. Un tercer aperitivo, no más de momento por no empachar, podría ser la propuesta de Dancing Partners, que en el parque de la Ciutadella celebrarán una ‘jam session’ de danza a cargo de los integrantes de diversas compañías que antes habrán actuado en distintos escenarios. Según el programa, el momento en que todos juntos suban al escenario “promete ser uno de los momentos más divertidos e intensos del día”.

Islandia, un país más pequeño que la Mercè

La población total de Reykjavik, unos 120.000 habitantes, equivale más o menos al público que en ocasiones se calcula que ha presenciado el piromusical de la Mercè. Islandia es un país pequeño, sin duda, pero promete sorprender en la Mercè. Estará presente en múltiples espacios. En el CCCB se proyectará cine islandés, todo un mundo. El BAM prestará sus escenarios para grupos del país preártico. La cocina islandesa podrá degustarse en las calles del Born y la Barceloneta, lo cual, además de todo un descubrimiento, es una oportunidad para recordar esa gran rareza de la cocina catalana, radicada en un mar en el que no se pescan bacalaos, y que sin embargo sirve decenas de platos cuya base es un producto islandés.

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